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Excelentísimos señores académicos: Me hacen el honor de presentar a la academia un informe sobre mi anterior vida de mono. Lamento no poder complacerlos; hace ya cinco años que he abandonado la vida simiesca. Este corto tiempo cronológico es muy largo cuando se lo ha atravesado galopando -a veces junto a gente importante- entre aplausos, consejos y música de orquesta; pero en realidad solo, pues toda esta farsa quedaba -para guardar las apariencias- del otro lado de la barrera. Si me hubiera aferrado obstinadamente a mis orígenes, a mis evocaciones de juventud, me hubiera sido imposible cumplir lo que he cumplido. La norma suprema que me impuse consistió justamente en negarme a mí mismo toda terquedad. Yo, mono libre, acepté ese yugo; pero de esta manera los recuerdos se fueron borrando cada vez más. Si bien, de haberlo permitido los hombres, yo hubiera podido retornar libremente, al principio, por la puerta total que el cielo forma sobre la tierra, esta se fue angostando cada vez más, a medida que mi evolución se activaba como a fustazos: más recluido, y mejor me sentía en el mundo de los hombres: la tempestad, que viniendo de mi pasado soplaba tras de mí, ha ido amainando: hoy es tan solo una corriente de aire que refrigera mis talones. Y el lejano orificio a través del cual esta me llega, y por el cual llegué yo un día, se ha reducido tanto que -de tener fuerza y voluntad suficientes para volver corriendo hasta él- tendría que despellejarme vivo si quisiera atravesarlo. Hablando con sinceridad -por más que me guste hablar de estas cosas en sentido metafórico-, hablando con sinceridad les digo: la simiedad de ustedes, estimados señores, en tanto que tuvieran algo similar en vuestro pasado, no podría estar más alejada de ustedes mismos que lo que la mía está de mí. Sin embargo, le cosquillea los talones a todo aquel que pisa sobre la tierra, tanto al pequeño chimpancé como al gran Aquiles. (Franz Kafka)

Rafael Sassano #2Rafael Sassano #3Rafael Sassano #1

Joel David Coen & Ethan Jesse Coen, conocidos profesionalmente como los hermanos Coen, son unos cineastas estadounidenses. Ganadores del premio Óscar en cuatro ocasiones, y autores de comedias (Raising ArizonaEl gran salto, Burn After Reading), de películas de cine negro (Miller’s CrossingThe Man Who Wasn’t ThereBlood SimpleNo Country for Old Men) y también de películas en las que mezclan ambos géneros (FargoEl gran LebowskiBarton Fink). Ambos colaboran en la escritura, producción y dirección de sus películas, si bien es frecuente que Joel aparezca como director y Ethan como productor en los títulos de crédito. En la industria cinematográfica, de hecho, se les conoce por el apodo de “el director bicéfalo” (the two-headed director). Usan el seudónimo Roderick Jaynes para algunos de los montajes de sus películas. Muchos actores que han trabajado con ellos cuentan la anécdota de que al estar tan compenetrados, al hacer una pregunta, sobre el guión o sus personajes a cada uno de ellos, reciben exactamente la misma respuesta de cada hermano. Los hermanos Coen se han convertido en los mayores exponentes del cine independiente norteamericano. Capaces de hacer películas que entusiasman a los críticos, ofrecen, también, una vertiente de atracción del gran público. Para sus películas cuentan con cierto equipo y actores que los acompañan frecuentemente, entre ellos se incluyen John Turturro, Michael Badalucco, Holly Hunter, Steve Buscemi, Frances McDormand, John Goodman, Jon Polito y George Clooney (cada uno ha aparecido en al menos tres producciones de los Coen).  A continuación, va el corto “Tuileries”, incluido en la película de cortos Paris Je T’aime.

Jazz & Big Bands

El Jazz tiene sus raíces en el eclecticismo musical de los afroamericanos. En esta tradición sobreviven huellas de la música del áfrica occidental, de las formas musicales de la comunidad negra del nuevo mundo, de la música popular y clásica ligera europea de los siglos XVIII y XIX y de formas musicales populares posteriores que han influido en la música negra. La mayor parte de la música primitiva de jazz se interpretaba en pequeñas bandas de marcha o la tocaban pianistas solistas. Aparte del ragtime y las marchas, el repertorio incluía himnos espirituales y blues. Las bandas tocaban esta música, modificándola mediante síncopas y aceleraciones, en los picnics, bodas, desfiles y funerales. Si bien el blues y el ragtime surgieron con independencia del jazz y continuaron coexistiendo con él, influyeron en el estilo y las formas del jazz y sirvieron de vehículo importante para la improvisación jazzística. Un músico llamado Buddy Bolden parece haber sido el artífice de las primeras bandas de jazz, pero su música y su sonido se han perdido.  La primera grabación de una banda de jazz hubo de esperar hasta 1917. Fue hecha por un grupo de músicos de Nueva Orleans llamado “The original dixieland jazz band”. El músico más influyente del estilo de Nueva Orleans fue Louis Armstrong. Primer auténtico virtuoso del jazz, Armstrong fue un sorprendente improvisador que cambió el formato del jazz y puso al solista al frente de la orquesta. Durante la década de 1920, hubo grupos de jazz que comenzaron a tocar siguiendo el modelo de las bandas de bailes de sociedad, formando las que se dieron en llamar big-bands. Fueron tan populares en las décadas de 1930 y 1940, que este período se conoce como la era del swing. El desarrollo de las big-bands como medio jazzístico se debió en gran parte a Duke Ellington y Fletcher Henderson, que contribuyeron a la introducción de las partituras escritas en la música de jazz. En las big-bands los instumentos de vientos se agrupan en tres secciones: saxofones, trombones y trompetas. El compás es fluido y se utilizan estructuras melódicas cortas llamadas riffs. El swing es una de las características propias del estilo.             ⇒

Peripecias del agua

 

Basta conocerla un poco para comprender que el agua está cansada de ser un líquido. La prueba es que apenas se le presenta la oportunidad se convierte en hielo o en vapor, pero tampoco eso la satisface; el vapor se pierde en absurdas divagaciones y el hielo es torpe y tosco, se planta donde puede y en general sólo sirve para dar vivacidad a los pingüinos y a los gin and tonic. Por eso el agua elige delicadamente la nieve, que la alienta en su más secreta esperanza, la de fijar para si misma las formas de todo lo que no es agua, las casas, los prados, las montañas, los árboles. Pienso que deberíamos ayudar a la nieve en su reiterada pero efímera batalla, y que para eso habría que escoger un árbol nevado, un negro esqueleto sobre cuyos brazos incontables baja a establecerse la blanca réplica perfecta. No es fácil, pero si en previsión de la nevada aserráramos al tronco de madera que el árbol se mantuviera de pie sin saber que ya está muerto, como el mandarín memorablemente decapitado por un verdugo sutil, bastaría esperar que la nieve repitiera el árbol en todos sus detalles y entonces retirarlo a un lado sin la menor sacudida, en un leve y perfecto desplazamiento. No creo que la gravedad deshiciera el albo castillo de naipes, todo ocurriría como en una suspensión de lo vulgar y lo rutinario; en un tiempo indefinible, un árbol de nieve sostendría el realizado sueño del agua. Quizá le tocara a un pájaro destruirlo, o el primer sol de la mañana lo empujara hacia la nada con un dedo tibio. Son experiencias que habría que intentar para que el agua esté contenta y vuelva a llenarnos jarras y vasos con esa resoplante alegría que por ahora sólo guarda para los niños y los gorriones.

Cortázar (Pic)